martes 20 de noviembre de 2007

Resident Evil 3: La Extinción

2 octanet ... entretenida no le pidan demasiado.

lunes 19 de noviembre de 2007

Domingo de Teatro "Los Modernos"


Muy Bueno

lunes 12 de noviembre de 2007

Stardust: el misterio de la estrella

3 1/2 octanet

Un joven llamado Tristán (Charlie Cox) intenta conquistar el corazón de Victoria (Sienna Miller), el bello pero frío objeto de su deseo, y se va en busca de una estrella caída del cielo. Su viaje le lleva a un país misterioso y prohibido más allá de los muros de su pueblo. Durante su odisea, Tristán encuentra la estrella convertida en la preciosa Yvaine (Claire Danes). Pero Tristán no es el único que busca la estrella. Los cuatro hijos del rey (Peter O’Toole), y los fantasmas de sus tres hermanos muertos, necesitan la estrella si quieren ocupar el trono. Tristán también debe vencer a Lamia (Michelle Pfeiffer), la malvada bruja que desea la estrella para recuperar la juventud. Tristán lucha para deshacerse de estas amenazas, pero cuando conoce a un pirata llamado capitán Shakespeare (Robert De Niro) y a un siniestro comerciante llamado Ferdy the Fence (Ricky Gervais), su búsqueda cambia de rumbo. (www.labutaca.net)

jueves 1 de noviembre de 2007

"Me llevo mal con el fanatismo" - Entrevista con Alejandro Dolina / Escritor-Conductor de radio

La curiosidad como principio de acción, como burro de arranque para salir a buscar conocimiento, belleza o humor. Alejandro Dolina dice que se trata de un impulso hedonista de querer hacer siempre lo que se le da la gana, pero en el fondo, con seguridad, repta la posibilidad del descubrimiento como promesa. Atiende el teléfono en Núñez, a 700 kilómetros de la Ciudad Universitaria, como quien va para Sudáfrica. Dolina estará aquí mañana a la medianoche. Vuelve para hacer desde la Sala de las Américas La venganza será terrible, el programa que de lunes a viernes emite Radio 10 (en Córdoba sólo se escucha por Internet en http://www.infobae.com/ ). Todavía no sabe de qué va a hablar pero imagina que será algo interesante. De otro modo no podría hacerlo.
–¿Sos autocrítico con tu obra, con el programa? –
No lo sé. Me gustaría pensar que sí pero a lo mejor uno cree que es muy autocrítico y en realidad no alcanza a ver sus defectos. Yo escuché a muchos decir que son autocríticos y me llama la atención cómo no alcanzan a ver algunos defectos muy notorios. A lo mejor ocurre lo mismo conmigo, digo que soy autocrítico y soy un zonzo más. Creo que el programa está bien para lo que yo puedo hacer. Si fuera más inteligente y más diestro haría un programa más interesante. Y si dijera que el programa puede ser mejor sería un canalla porque estaría haciendo menos de lo que puedo. Creo que más de eso no doy.
–¿Cómo te llevás con esa parte de tu público que se define como fanático tuyo? –
Eso no está bien. No creo que haya fanatismo, pero con el fanatismo en general me llevo mal. Hace mucho daño en todas partes y no hace falta que lo diga yo. También pasa con el fanatismo artístico. Hay una especie de confusión, diría Borges, un fervor previo, un juicio anterior a la actuación del artista, que ya viene aplaudido desde su casa. Muchas veces eso los convence de que están haciendo algo bien y quizá no es cierto. Prefiero el público crítico, el que viene cada tanto, que por ahí alcanza a discernir entre lo que está bien y lo que está mal. Chino básico
–¿Qué temas ocupan tus lecturas en este momento? –
Estuve en dos asuntos, que no parecen tener mucho que ver conmigo. Uno fue la vida cotidiana en la Unión Soviética de Stalin. Estaba escribiendo una obra que transcurre en un departamento de Moscú en 1936 y empecé a leer, quizá con el capricho de que las calles tuvieran nombres verdaderos o que la marca de cigarrillos fuera realista, ya que nada más lo era. Cuando hacía El bar del infierno, me dio por el taoísmo chino y hasta realicé un pequeño intento de aprender algunas cosas del idioma.
–¿Lo conseguiste? –
Fracasé totalmente. No encontré material adecuado, los diccionarios están presentado de tal forma que hay que saber chino desde antes para poder consultarlos y yo, desesperado, recurrí al chino del supermercado que está abajo de mi casa. Lo usaba como prueba. Cuando descubría alguna palabra en chino iba y se la decía a ver si era verdad. El chino me miraba y no me decía nada, nunca me dijo nada. Ahora pienso que a lo mejor el tipo no era chino o quizá hay una conspiración china para que su idioma no sea aprendido por los forasteros.
–¿Qué te entusiasmó del taoísmo? –
El taoísmo reconoce dos vertientes, una es la mágica y religiosa y la otra es la filosófica. Desde luego que es mucho más interesante la mágica y en ese corpus de procedimientos hay, por ejemplo, instrucciones nada menos que para ser inmortal, conjuros para retener la lujuria al punto de, como el Emperador Amarillo, poder satisfacer a 1300 concubinas, una detrás de la otra. Además está allí contenida una fuerte sospecha de que todo lo que hacemos es perfectamente inútil, que ni siquiera alcanzamos del todo a ser alguien y lo que nosotros llamamos nuestra biografía, vista desde lejos no se diferencia de la del resto y entonces da lo mismo que yo sea el que soy o sea el vecino de al lado. Desde el punto de vista de la ficción, de la inteligencia y el juego, tiene su interés y halago intelectual. A veces no hace falta creer para encontrar la gracia y la poética. Hombre de poca fe
–¿Te considerás religioso? –
En ese aspecto puede ser, pero también en otros. Si bien no soy creyente, creo que los asuntos religiosos son los más importantes. Estoy muy preocupado por el propósito del universo y la religión es siempre un intento de poner orden ahí donde parece no haberlo. Tengo apetito de eternidad por un lado y también de orden y explicación. Me gustaría creer, y no lo consigo, que el universo tiene un propósito que da sentido a cada uno de nuestros actos. Si el universo es una casualidad, como me temo, no importa mucho si somos éticos, buenos, artísticos, inteligentes. Si hay un plan, entonces el más pequeño de nuestros actos o cumple o incumple con ese plan y entonces ya la vida tiene un poco de sentido. En ese sentido soy religioso pero lamento decir que todo ese interés no ha devenido en fe.
–¿Le encontraste sentido a tu propia vida? –
No le encontré sentido. Lo que creo es que si la nada es lo que nos espera después de la muerte, hay que vivir como si de verdad hubiera un sentido, como si el universo tuviera un propósito moral, ético o aun estético. Ojalá alguien lo encuentre.
–¿Encontraste algún punto en común entre estas búsquedas? –
No, pero puede ser que lo encuentre. Al principio me huele que lo que hago es producto de una actitud hedonista porque hago lo que me da la gana. Pero mirando hacia atrás uno encuentra rimas, como uno encuentra entre sus novias. Uno no es capaz de decir qué clase de mujer le gustan y está bien. Pero mirando cinco novias atrás, por ahí se pueden encontrar elementos comunes. Ahora me cuesta ver rimas entre la Rusia de Stalin, la posibilidad de que el universo tenga o no sentido y el taoísmo. Lo único que encuentro en común es que todo se refiere a la siguiente pregunta ¿somos en verdad alguien o somos cualquier cosa? ¿Qué diferencia hay entre ser uno o ser otro? Si no hay ninguna diferencia, como a veces parece, nuestra vida sería todavía más miserable.